
Por cada soldado estadounidense muerto en combate, 25 veteranos se han suicidado.
En años recientes más de 65,000 veteranos de guerra estadounidenses se han suicidado, la mayoría de ellos luego de sus experiencias en Afganistán e Irak y sin superar los 30 años de edad.
Además de otros problemas de salud
como el abuso de drogas, alteraciones en los patrones de sueño y en el
comportamiento que afectan notablemente su vida personal y social.
Escalofriante estadística militar
Estimaciones recientes afirman que ser veterano de guerra duplica en promedio el riesgo de suicidio, pero entre hombres jóvenes con un rango de edad que va de los 17 a los 24 años, lo cuadruplica. Además de otros problemas de salud como el abuso de drogas, alteraciones en los patrones de sueño y en el comportamiento que afectan notablemente su vida personal y social.
Hasta el momento este asunto no ha merecido la atención que merece entre las instituciones que deberían hacerse responsables, a excepción de medidas superficiales como la apertura de una línea telefónica de atención inmediata dedicada especialmente a brindar orientación y apoyo a posibles suicidas (una “suicide hotline”).
El asunto, por supuesto, nos invita a reflexionar un poco sobre las historias personales, esos pequeños dramas, de una institución (el ejército estadounidense) cuyo papel en efecto ha sido más que polémico. Si bien es innegable el dolor y el sufrimiento causado por algunos de estos soldados en territorio iraquí o afgano, igualmente es digno de compasión el que sufren las familias de estos suicidas y acaso también estos mismos, que vieron en la muerte inmediata, inaplazable, la única solución a sus conflictos.
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