martes, 17 de julio de 2012

La "crisis en cascada" de los niños africanos

Juan Carlos Díaz Guerrero (PL)
Un millón de menores del norte de África podrían morir por desnutrición a consecuencia de la crisis de alimentos que afecta al Sahel, donde 18,5 millones de personas están expuestas al hambre.


El tema, que pudiera ser recurrente, no deja de preocupar a gobiernos, organismos internacionales, organizaciones no gubernamentales y a toda persona sensible informada sobre esta tragedia.


La carencia de alimentos es sólo un eslabón de la larga cadena de hechos que inciden en este fenómeno, vinculado también a los desplazamientos forzados, ataques y abusos sexuales, reclutamiento forzado de niños, tráfico de drogas, sequía y la creciente compra de tierras por empresas y gobiernos extranjeros.

Poblaciones de Burkina Faso, Chad, Malí, Mauritania, Níger y el norte de Camerún, Nigeria y Senegal padecen inseguridad alimentaria, según el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef).

Desnutrición infantil, crisis alimentaria

El director de programas de emergencia de Unicef, Louis-George Arsenault, reveló que al terminar 2012 habrá "más de un millón de niños que sufren desnutrición grave".

Es importante saber que la desnutrición puede matar, aseguró el alto funcionario en un comunicado difundido en la ciudad de Nueva York.

Ante la crisis, la agencia pidió 120 millones de dólares a Estados Unidos para ampliar sus operaciones y garantizar servicios de salud, nutrición, saneamiento, abastecimiento de agua, educación y la protección de la infancia en los países afectados.

La Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios, apuntó, sin embargo, que sólo logró recaudar la mitad de esa suma.

El organismo estimó que la crisis alimentaria y de nutrición eleva el registro de una tasa alarmante este año, pese a los esfuerzos de gobiernos e instituciones internacionales.

Ban Ki-moon, secretario general de la ONU, pidió una reacción inmediata de la comunidad mundial para enfrentar la situación, que él denominó "crisis en cascada" en la región.

En países como Chad, la desnutrición infantil deriva de la alarmante escasez de alimentos que prevalece en el país africano, denunció la Organización No Gubernamental Médicos Sin Fronteras (MSF).

La organización indicó el 7 de mayo que algunas familias sólo disponían de alimentos para los próximos 15 días.

Paralelo a la carencia de alimentos, sus precios se dispararon este año y hasta la fecha ascendieron el 25 por ciento por encima del 2011.

Esta ONG alertó que la situación se complica en la ciudad de Biltine, en el este del país, donde escasea también el agua y en febrero se detectó que el 25 por ciento de los menores de cinco años padecía desnutrición aguda.

El doctor Kodjo Edoh, coordinador general de la organización, apuntó que muchas familias redujeron el número de comidas diarias y otras deben de caminar más de siete horas para buscar agua.

"Es algo muy preocupante, ya que la escasez de agua está directamente relacionada con la desnutrición infantil", subrayó.

Edoh señaló que en los tres primeros meses del 2012 atendieron a mil 600 niños desnutridos, casi el doble del año anterior.

El coordinador de la ONG dijo que la situación puede ser muy grave si se le adiciona el sarampión, enfermedad que contribuye a la desnutrición infantil, acotó.

Senegal no deja de ser un caso diferente, donde se requieren 54 millones de dólares para resolver la crisis de alimentos y nutricional en ese país.

Ingeborg Maria Breuer, representante residente del Programa Mundial de Alimentos en la nación del oeste africano, señaló que la inseguridad alimentaria es real y grave, y urge el apoyo a la necesidad de movilizar recursos para hacer frente a la emergencia antes de que se convierta en hambruna.

Para hacer frente a la situación en Senegal, se requiere de esa suma millonaria de dólares y sólo han podido recaudar del total 22 millones, subrayó.

En Senegal existen 61 áreas clasificadas de alto riesgo y 24 de riesgo moderado, mientras la producción agrícola del cereal registró una baja del 36 por ciento en comparación con el año anterior.

Breuer explicó que dado el alto nivel de inseguridad en la mayoría de las zonas visitadas y el aumento de los precios de los principales productos alimenticios, deben adoptarse medidas para reducir el impacto en las familias.