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domingo, 8 de mayo de 2011

Barack Obama, the body hunter, Néstor García Iturbe

Cuando Obama era un adolecente tenía especial predilección por las películas del oeste. Sus ídolos eran Steve Mc Queen y Clint Eastwood, sobre todo cuando actuaban en el papel de “body hunter”, el cazador de hombres, que por ganarse una recompensa salía a buscar y matar al que era reclamado por la ley.

Desde las lunetas del teatro soñaba con ser uno de aquellos. El “body hunter”, gracias a las argucias de Hollywood, en vez de presentarse como un asesino a sueldo, un mercenario, se proyectaba en la mente del adolecente como un héroe, alguien que estaba haciendo un beneficio a la sociedad, al “american way of life”, que gracias a él se había forjado la “gran nación”, a pesar de los mexicanos, los indios, algunos blancos que atacaban bancos, trenes y diligencias y los negros que se fugaban de las haciendas donde los sometían a la esclavitud.

Siendo mayor, durante el tiempo que estuvo en la Universidad de Chicago, visitó algunos lugares donde Al Capone y Lucky Luciano habían desarrollado sus actividades, entre ellos el estacionamiento donde se efectuó la matanza de San Valentín. Realmente se sentía impresionado y admirado por la historia de la organización que pudo crecer a pesar de las dificultades y que ayudó a forjar muchos de los grandes capitales estadounidenses.

Otro de sus grandes héroes era John Wayne, inclusive cuando caminaba trataba de imitarlo, era un tipo duro y sobre todo cuando actuaba en las películas relacionadas con la Segunda Guerra Mundial, donde no tenía compasión con los japoneses. Aun recuerda la escena final de Las Arenas de Iwo Jima, donde los marines colocan la bandera de las barras y las estrellas en lo alto de una montaña, su fantasía era ser uno de ellos.

Con esa mente “peliculera” fue escalando posiciones hasta llegar a la presidencia de Estados Hundidos. Ahora podía ser el “body hunter”, hacer realidad sus fantasías, si era necesario matar para garantizar el futuro del “american way of life”.

¿Qué importaba matar al Jefe de Estado de una nación? Todo era por garantizar la “seguridad nacional”. Poder apoderarse de todo el petróleo y recursos minerales, como cuando los “padres fundadores” lo hicieron con Texas y una buena parte de aquellas tierras que pertenecían a México. En definitiva, para asegurar eso no mandaron a matar a Pancho Villa, que importa si este ahora se llama Gadafi y el petróleo está más lejos.

Mandar a matar a Bin Laden no es un “big deal”. En definitiva está acusado de terrorista. No ha sido presentado a juicio ni condenado por un juez, pero bueno, en Guantánamo hay decenas que tampoco han sido presentados a juicio y hasta ahora no se ha denunciado a Estados Hundidos por violar sus derechos humanos. Seguramente por matar a este tampoco habrá acusación alguna, ni a los “campeones de la libertad”, ni al “Premio Nobel de la Paz”.

Lo principal es que el “body hunter” está demostrando que es un fiel seguidor de los mercenarios que paseaban el oeste con cuatro o cinco avisos en el bolsillo para ver si se encontraban con algún prófugo por el que dieran recompensa.

¿Cuál es la recompensa? Bueno para definir eso debemos esperar un tiempo. Es posible que Barack Cassidy ahora cobre unos cuantos puntos para aumentar su popularidad ,si todo se mantiene tranquilo, salió ganando.

Si se recrudecen las acciones contra el personal de Estados Hundidos y comienzan a incrementarse las muertes en distintos países del mundo, incluyendo hasta dentro de su propio país, entonces no habrá recompensa, habrá acusaciones de irresponsabilidad, falta de previsión y de poner en peligro la “seguridad nacional”.

El “body hunter” cayó en la trampa .Al finalizar la película un grupo de bandidos acaban con él, cae del caballo acribillado a balazos.

Los bandidos se retiran en sus cabalgaduras, forman pequeños grupos, cada grupo se dirige hacia un lugar distinto. Un grupo va hacia la CIA, otro hacia el Pentágono, otro hacia el Congreso y el jefe de los bandidos hacia la Casa Blanca.

THE END

domingo, 10 de abril de 2011

Las reglas del juego, Néstor García Iturbe

Cada sociedad tiene sus reglas del juego, lo que en términos más científicos pudiera denominarse ética. En la ética se suman las tradiciones, el modo de vida, la justicia, el sentimiento humano, los valores y todo aquello que se considera propio y caracteriza a un sistema social en un determinado país.
Pudieran ocurrir hechos en un país que para otro serian incomprensibles, criticables, irrespetuosos, faltos de ética, inhumanos, injustos y violadores de los más elementales principios.

En un país donde se utiliza la mentira en todas sus manifestaciones, donde se le miente al pueblo sobre las consecuencias de la guerra; donde se falsean y presentan de forma manipulada los datos estadísticos para encubrir la discriminación tanto racial como social; donde se dice que hay igualdad de oportunidades, lo cual no es cierto; donde se habla de libertad de expresión cuando los medios de prensa están controlados y en manos de la clase dominante, donde se dice que se lucha contra la droga y cada día el consumo de esta aumenta; donde se plantea es imposible destinar dinero para las necesidades sociales y se le entregan decenas de miles de millones de dólares a los grandes consorcios financieros, en ese país, nadie puede ser condenado por mentir.

En un país donde se dice que se está luchando contra el terrorismo y la realidad es que se está asesinando a la población de otros países para apropiarse de sus recursos naturales, nadie puede ser condenado por mentir.

Donde se protege a los terroristas que actúan para atacar a los “enemigos “del país y se mantiene una política de doble rasero que divide los terroristas entre buenos y malos; donde la principal agencia de espionaje del país, con la autorización del presidente, se ha dedicado durante años a promover, financiar y desarrollar acciones terroristas, nadie puede ser condenado por terrorista.

En resumen, las reglas del juego vigentes en Estados Unidos son las que determinaron que el jurado de la Corte Federal de El Paso, Texas, declarara a Luis Posada Carriles “inocente”.