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domingo, 22 de mayo de 2011

CUBA Y EE.UU.: Una historia de desamor, por Lázaro Fariñas

Siempre he pensado que el problema de los distintos gobiernos estadounidenses con Cuba, después que allí triunfó la revolución, no es más que el hecho de que ella haya decidido tomar la soberanía y la independencia nacional en serio.
Evidentemente, el gobierno de Dwight D. Eisenhower, que era el que estaba de turno cundo los rebeldes tomaron el poder en Cuba, allá en 1959, no pudo aceptar que aquel nuevo gobierno decidiera que los asuntos de Cuba se decidían en La Habana y no en Washington.
No había ningún indicio de que la revolución triunfante se proclamara comunista, para que la CIA, que respondía a la política implantada por el presidente, comenzara a planear operaciones con el fin de derrocar al gobierno revolucionario.

El planteamiento inicial era que los Estados Unidos no iban a permitir un gobierno comunista a 150 kilómetros de sus costas, pero la realidad era que el gobierno norteamericano no iba a permitir una república soberana e independiente a esa distancia de su frontera.
Desde los primeros meses de 1959 comenzaron las conspiraciones contra el gobierno que acababa de llegar al poder en Cuba. Desde que a finales del siglo IXX los norteamericanos invadieron Cuba declarándole la guerra a España, hasta el triunfo revolucionario a mediados del siglo XX, el embajador norteamericano era quien de verdad gobernaba en aquella república.
Hasta la década del 30, gobernaron por medio de la enmienda Platt que estaba escrita en la constitución, y de ahí en adelante, a pesar de haberse eliminado, por medio de esa misma enmienda que, en la práctica, seguía existiendo.

La última palabra en Cuba no la tenía el Jefe de Estado cubano, sino el Departamento de Estado de los Estados Unidos, por medio de su embajador en La Habana. Sobran los ejemplos que no hace falta de nuevo enumerar. Los que vivíamos en aquella república lo sabíamos de memoria. Tan era así, que me atrevería a afirmar que la mayoría de los cubanos que nos enfrentamos a la revolución en aquellos primeros años estábamos convencidos de que los norteamericanos no iban a aceptar a aquel gobierno, y que los días del mismos estaban contados.

Esa fue la mentalidad que existió en la contrarrevolución interna y externa durante aquellos primeros años, por lo menos, hasta que llegó la invasión de Playa Girón y todas las esperanzas de acabar con aquel régimen se esfumaron ante la realidad de que la mayoría de los cubanos lo respaldaban, que la mayoría del pueblo estaba cansada de que su país no fuera más que un apéndice de la potencia del norte. Pero a decir verdad, al menos aquella oposición que se enfrentó al gobierno revolucionario tenía algún objetivo real y una meta definida, y aunque algunos lo puedan negar, y aunque su tesis estuviera completamente equivocada, aquella oposición tenía valor y valentía, y muchos dieron su vida por lo que creían.

Los que ahora dicen oponerse sólo tienen una meta, es de color verde y la reparten desde un edificio del malecón habanero. En Cuba, en aquellos años, hubo, hasta cierto punto, un estado de guerra civil en el que se enfrentaron la revolución y la contrarrevolución, los anexionistas y los independentistas y en la que ambos bandos demostraron coraje.
La revolución triunfó y demostró que la razón estaba de su parte, que aquel país se merecía ser independiente y soberano, que los viejos intereses de una república que languidecía en la corrupción habían sido sepultados para siempre. Sin embargo, para los vecinos del norte, el hecho de haber perdido la guerra no significó que la intención desapareciera. Lo que sucedió fue que ya no hubo forma de derrotar al gobierno revolucionario, y se convirtió en hacer daño por hacer daño. Eso es lo que ha seguido sucediendo a través de los años hasta los días de hoy.

Los distintos gobiernos que han gobernado a los Estados Unidos han seguido, a pesar de que no tienen la más mínima posibilidad de derrocar al régimen de La Habana, haciéndole daño a Cuba y a su pueblo, por el mero hecho de hacerle daño. Habrán llegado a la conclusión de que, por lo menos por ahora, no pueden triunfar en Cuba, pero no han llegado a la aceptación de que Cuba es soberana e independiente, y ya no le pertenece. Por eso persiste esta política agresiva contra la Isla. Por eso la agresión continúa. Veremos hasta cuando

martes, 5 de abril de 2011

Aznar en sus andadas, Lázaro Fariñas

Aznar en sus andadas
“El caballerito Aznar”, como en su día lo bautizó Fidel Castro, ha vuelto a sus andadas. Desde una ciudad de la comunidad de Madrid, ha lanzado el grito de “libertad para los cubanos”. Libertad que, según él, se consigue lanzando bombas sobre la isla. Este personaje que, haciéndose el estadista, le dijo a Fidel en Chile: “Tú mueves fichas, yo muevo fichas”, ahora viene con el cuento de que la defensa de la libertad de los pueblos hay que buscarla utilizando cualquier medio posible. A este señor parece que no le basta con lo que ayudó a hacer en Irak, donde decenas de miles de civiles murieron por culpa de él y sus amiguitos ingleses y norteamericanos cuando las bombas inteligentes y brutas cayeron en racimos sobre las ciudades iraquíes. Tanto él como Blair y Bush, deberían estar frente a tribunales internacionales, juzgados por genocidio y no pidiendo, como ahora lo está haciendo, el que se repita en otros países lo que ocurrió en Irak. De entrada, habría que preguntarse, de qué libertad está hablando este caballero? ¿De la libertad que existe hoy en día en Irak? ¿De la que existe en Afganistán? ¿En Honduras? Todos eso regímenes que gobiernan esos países son apoyados por Aznar y sus compinches y la libertad en la que estos creen es la libertad que existe entre los muertos de los camposantos.
Los españoles no deben de olvidar que los trágicos sucesos de la estación de ferrocarril de Atocha fueron culpa directa de este señor por haber hundido a España en una guerra cruel contra Irak. Se sabe perfectamente que, si su gobierno no hubiese sido cómplice en la criminal invasión a aquel país, era muy difícil que hubiese existido tan grotesco acto terrorista contra personas inocentes que nada tenían que ver con las decisiones de un fascista que fungía como presidente del gobierno español. Todavía peor, sabiendo que los vascos no tenían que ver con el atentado, trató de culparlos para que no salieran a la luz pública las verdaderas razones del por qué de tan criminal acto dinamitero.

Es muy fácil, para una mentalidad como la de Aznar, el pedir el derrocamiento por la fuerza de gobiernos que no le son afines a su ultraderecha posición. En definitiva, como las bombas no van a caer en el patio de su casa, qué le importa que caigan en las casas de sus vecinos.

Cuando le levantaron las sanciones al régimen de Maumar el Gadafi, el primero que salió corriendo para Trípoli fue este “caballerito”; corriendo, para llegar primero para ver qué podía sacar de la decisión de occidente de levantar las sanciones a aquel país. Allí fue Mr. Aznar a congraciarse con el mismo mandatario al que hoy en día le llama tirano. El amigo de ayer, es el sátrapa de hoy, al que hay que bombardear y sacar del poder para llevar la “libertad” al sufrido pueblo libio. Y me vuelvo a preguntar, cuando se abrazaba con el presidente libio, dónde estaba el libertad del sufrido pueblo?

Cuando quería jugar al ajedrez con Fidel, estaría pensando que los peones eran bombas inteligentes? Además de ser indignantes las recientes declaraciones de este personaje, son despreciables. Al pedir un bombardeo de las ciudades cubanas, este señor se merece el más absoluto desprecio, no tan solo de los cubanos, sino de cualquier ciudadano del mundo civilizado.

Poco favor le hace a España haber parido hijos como José María Aznar y Valeriano Weyler, aquel gobernador español que en Cuba organizó lo mismo que años después el ídolo de Aznar creó en toda Europa oriental, los famosos campos de concentración. En esos campos creados por el general español murieron por desnutrición miles y miles de cubanos. No puedo asegurar que entre Valeriano y José María, exista algún nexo familiar, pero puedo imaginarme que este ultimo debe de tener genes que pertenecen al primero. Por lo menos, tienen algo en común, los dos nacieron en España, los dos han cometido actos genocidas, Valeriano en Cuba, José María en Irak. Cuentan que un abuelo de Aznar vivió en Cuba, y me vuelvo a preguntar, ¿sería hijo de Weyler, sería Valeriano el bisabuelo del caballerito Aznar?

miércoles, 23 de marzo de 2011

La hipocresía de Occidente, Lázaro Fariñas

Los acontecimientos que en las últimas semanas han estado ocurriendo en el norte de África y la reacción que ante los mismos han tenido tanto los Estados Unidos como los países europeos, me traen a la mente aquello de que “haz lo que yo digo, pero no lo que yo hago” y aquello que decía que “todo es según el color del cristal con que se mira”. Lo primero es lo que los países del llamado primer mundo le están diciendo al gobierno del Coronel Kadafi. Lo segundo es cómo la gran prensa de occidente está informando sobre los acontecimientos en aquel país africano. Hasta el tribunal internacional de La Haya declara que va a comenzar una investigación para acusar al régimen libio de masacrar a civiles indefensos al bombardear ciudades tomadas por las fuerzas rebeldes. Sería bueno preguntarse dónde estaba ese tribunal cuando las fuerzas de la OTAN bombardeaban las ciudades de Kosovo o dónde cuando las fuerzas militares de Estados Unidos bombardeaban Bagdad en donde miles de civiles cayeron víctimas de aquellos bombardeos. ¿Dónde estaba esa gran prensa internacional que nunca llegó a crear una campaña contra esas masacres que ocurrieron en Kosovo, Irak y que aún siguen ocurriendo en Afganistán? Es por eso que, para los grandes medios, todo es según del color del cristal con que se mira. Es por eso que, para ellos, hay bombardeos que son necesarios y otros que son masacres, depende de quién es el que bombardea. Hace sólo unos días, mientras los grandes periódicos y cadenas de televisión estaban condenando al gobierno de Kadafi por los bombardeos, el jefe de las fuerzas de la OTAN en Afganistán el general David Petraeus tuvo que pedir excusas por el asesinato de nueve niños afganos víctimas de un bombardeo de su fuerza aérea. Esa es una noticia que apenas dura los segundos que se toma en que salga al aire o que se escriba en los periódicos, luego, nadie más habla de ella, ni se crea una campaña alrededor de la misma. Hay que condenar al régimen de Libia si de verdad ha bombardeado a civiles indefensos, pero primero habrá que saber si es verdad o es una invención de los medios de propaganda de Occidente. Muchos de los oposicionistas han asaltado los depósitos de armas, se han llevado las mismas, y han tomado ciudades enteras, por lo tanto, han dejado de ser civiles indefensos para convertirse en una fuerza militar. Hasta hace muy poco, el gobierno de Estados Unidos tenía a Libia en la lista de los países terroristas, de pronto, de la noche a la mañana, el gobierno del presidente Bush la sacó de la misma. Hay que recordar que, hace unos años atrás, el gobierno norteamericano bombardeó Trípoli, incluyendo la misma residencia del presidente libio. Al quitar a Libia de la lista de países terroristas, Bush empezó una política de acercamiento hacia el régimen de Kadafi. Decenas de billones de dólares libios fueron depositados en los bancos estadounidenses y toda la retórica agresiva contra Libia cesó. Pero no fueron sólo los norteamericanos los que comenzaron a establecer una política cordial con el régimen de Kadafi. Los europeos se sintieron muy complacidos por las millonarias inversiones que éste empezó a hacer en Francia, Alemania, Italia, etc. España comenzó a venderle toneladas de armas. La prensa internacional puso a un lado las críticas y los ataques contra los libios, las ganancias los borraron, los intereses capitalistas se impusieron. Sin embargo ahora, al comenzar la revuelta popular, le han virado la espalda al socio comercial, que hasta ayer tuvieron, por temor a que esas revueltas acaben por derrocar al régimen libio, al igual que ha ocurrido con los gobiernos de Egipto y Túnez. Ahora hay que demonizar otra vez al régimen del coronel Kadafi, hay que satanizarlo, exigirle que renuncie y hasta llevarlo a un tribunal internacional por crímenes contra la humanidad. Les recomiendo que tengan cuidado con lo que desean. Bien les podría salir el tiro por la culata y acaben saliendo de lo que ellos piensan es un mal conocido para entrar en otro, mucho peor, por conocer.

lunes, 21 de marzo de 2011

LAS MEMORIAS DE UN HALCÓN, Lázaro Fariñas

Acaba de salir publicado (febrero 2011) el libro que contienen las memorias de Ronald Rumsfeld. Bueno, como no lo he leído, me puedo imaginar que serán las selectivas memorias del Ex Secretario de Defensa del presidente George W. Bush. No creo que personalmente tenga estómago para sentarme a leer un ejemplar del mismo. Hay que hacer un poco de memoria y recordar que fue este hombre el que afirmó, allá en el 2002, antes de la invasión de Irak por parte de la armada norteamericana, refiriéndose a la supuesta ayuda del gobierno de Saddam Hussein a los movimientos terroristas islámicos: “Nadie en el mundo discute que los iraquíes tienen armas de destrucción masiva. Todos sabemos que la tienen. Un mono entrenado lo sabe”. Claro que, después, como todo el mundo sabe, hasta el mono entrenado se equivocó, a no ser que el mono hubiese sido entrenado para mentir descaradamente. Las palabras del título de su libro fueron constantemente usadas por el ex ministro de Bush. Incluso cuando las evidencias apuntaban a que no era cierto que el gobierno iraquí estaba ayudando a esas organizaciones, salió con esta respuesta clásica que fue repetida una y otra vez: “Los informe de que algo no ha ocurrido siempre me han parecido interesantes, porque, como sabemos, está lo conocido que conocemos, están las cosas que sabemos que sabemos. También sabemos que hay algunas cosas que no sabemos. Pero también están las cosas desconocidas que no sabemos, aquellas que no sabemos que no sabemos.” Lo que sí nosotros y todo el mundo sabemos es que este señor es un redomado mentiroso, misterioso e insidioso que ayudó en parte fundamental de esa acción armada. Este halcón de halcones que, junto con Dick Cheney, fue el arquitecto de las mentiras que llevaron a la destrucción de Irak, ahora se aparece con este libro que ha titulado, en su traducción al español, “Lo que sabemos y lo que desconocemos” en el que aún, después de descubrirse toda la verdad, sigue defendiendo tanto la invasión, que tantas muerte y destrucción llevó a aquel país, así como las torturas que llevó a cabo el ejército norteamericano en las prisiones iraquíes y en la base de Guantánamo. Según cuentan los que han leído las ochocientas páginas de este libro, Rumsfeld describe como el presidente Bush lo invitó a la Oficina Oval de la Casa Blanca 15 días después de los actos terroristas de septiembre para ordenarle un plan de guerra contra Irak. Según cuenta el Halcón en sus memorias, Hussein estaba amenazando de muerte, tanto a sus dos hijas, como a las dos hijas de Bush y que, para esa labor, tenía reservados $60 millones de dólares para pagar a sus agentes. Toda una novela montada alrededor de una supuesta trama del presidente de Irak para asesinar a las hijas de ambos. Siendo muy bondadoso y desinteresado, el caballero de la guerra afirma que, cuando salió a la luz pública lo de las torturas en Abu Ghraib, él le ofreció al presidente su renuncia para que así toda la responsabilidad cayera sobre él como ministro de Defensa, y la administración se pudiera limpiar del escándalo que había estallado ante tan abominables hechos. Según afirma, su bondadosa oferta fue rechazada, tanto por Chenney, como por Bush y que en su lugar, sugirieron despedir al jefe del Estado Mayor Conjunto el general Richard Meyers. Según Rumsfeld, la culpa de aquellas atrocidades que ocurrieron en las cárceles de Irak fue obra de un pequeño grupo de soldados y no obedecían a instancias superiores del ejército. Esa lógica es una constante en este país. Siempre dicen que son los de abajo los culpables de este tipo de actos y no sus jefes. Si un policía le cae a palos a cualquier ciudadano, el culpable es el policía y no el gobierno para el cual trabaja. Las citas que se hacen sobre el libro por personas que han tenido la oportunidad de haberlo leído son cuantiosas e imposibles de describir en este comentario por lo largo que lo hiciera. Pero las que hasta ahora he leído me confirman la personalidad de este hombre que, indiscutiblemente, tiene ciertas cualidades que le son innegables. Es un hombre que sabe defender sus puntos de vista y que está dispuesto a utilizar cualquier argumento para hacerlo, utilizando lo mismo la mentira, la ironía o el ataque personal. Fue elegido representante federal por varios periodos, y sirvió dos veces como Secretario de Defensa, una de ellas en la administración de Gerald Ford y después con George W Bush. Es decir que, para su posición de Halcón Mayor, ha estado dos veces situado en el perfecto lugar. Desde ahí ha podido volar bien alto, desde ahí hizo mucho daño directo y colateral con sus decisiones y desde ahí y fuera de ahí, mintió y siguió mintiendo. Ahora, lo hace escribiendo sus memorias.