martes, 2 de agosto de 2011

El hambre no es una catástrofe natural, Xavier Caño Tamayo

Ghandi denunciaba hace muchos años que “el hambre es un insulto. Humilla, deshumaniza, destruye el cuerpo y el espíritu. Es la situación más asesina que existe”.

Pero esa lacra universal del hambre no desaparece. Se mantiene, crece. A la cifra de más de mil millones de hambrientos y desnutridos del mundo hay que sumar ahora los que son condenados a esa ignominia en África oriental.
La ONU ha declarado oficialmente la hambruna en Somalia. Pueden haber fallecido de hambre ya decenas de miles de personas en las últimas semanas y cientos de miles pueden estar materialmente muriéndose de hambre también en Etiopía, Eritrea...

La sequía, han argüido en seguida las mentes bien pensantes para explicar tan terrible azote. Y es cierto que hay una gran sequía en el Cuerno de África y también que bandas armadas de señores de la guerra de la región agravan la situación, dificultando incluso la ayuda humanitaria.

Pero la sequía y las bandas armadas no explican la realidad global del hambre. Ni tampoco explican la persistencia de un hambre crónica en el mundo ni el escandaloso incremento del hambre. Ni siquiera en Somalia.

La persistencia y el aumento del hambre en el mundo tienen hoy como eje el persistente aumento del precio de los alimentos. Un aumento que no es casual ni azaroso ni aséptico.
Jean Ziegler, vicepresidente del Consejo Asesor del Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas, que fue Relator de la ONU contra el hambre, asegura que atribuir el incremento del precio de los alimentos (y las consiguientes hambrunas derivadas) al hecho de que las poblaciones de China e India ahora se alimentan más y necesitan más, como se suele hacer, es simplista y falso. Para Ziegler, son las estructuras de orden criminal del mundo las responsables de la masacre cotidiana del hambre. Incrementadas o coadyuvadas por otros factores, como puede ser una sequía.
Estructuras de orden criminal como el hecho de que los países ricos exporten productos agrícolas a precio inferior al de coste gracias a las subvenciones estatales que conceden la Unión Europea y EEUU. De esa forma los países desarrollados hunden la agricultura alimentaria de los países empobrecidos. Como Haití, por ejemplo, que vio desaparecer su sector arrocero por la importación del arroz estadounidense mucho más barato.
Estructuras de orden criminal como eliminar tierras agrícolas para alimentación y establecer cultivos intensivos para biocombustibles. Oxfam Internacional, la ong de ayuda al desarrollo mayor del mundo, ha denunciado que promover los biocombustibles a expensas de los alimentos es un escándalo obsceno que contribuye a aumenar el precio de alimentos básicos. Y, por tanto, al hambre.
Y no olvidemos la especulación con el precio de los alimentos. Aumentando el precio de los alimentos, se condena al hambre a millones de personas.
La especulación financiera de los alimentos se intensifica cuando, tras el estallido de la crisis en 2008, los grandes fondos de especulación emigran de los mercados financieros a los de materias primas, incluidos los alimentos básicos (arroz, trigo, mijo, maíz, lácteos...).
En 2008 los alimentos se convirtieron en refugio seguro para especular para los grandes fondos de cobertura, de pensiones y de riesgo.
En julio de ese año ya especulaban en el mercado de alimentos casi 320.000 millones de dólares, cuando el año anterior apenas operaban 13.000 millones.
Esa especulación ha conllevado un considerable aumento de precios, pues ese es el negocio especulativo: vender a precio superior.
Entre 2005 y 2008, el precio mundial de los alimentos aumentó un 80% y, cuanto más aumenta el precio de los alimentos, más dinero ganan los fondos de especulación y los banqueros. Pero más personas pasan hambre. Y enferman. Y mueren.
El escritor Eduardo Galeano denuncia que “este sistema asesino mata hambrientos en lugar de matar el hambre”. Porque este capitalismo neoliberal, codicioso, sin freno, obsceno, desregulado e incontrolado es responsable del genocidio tolerado del hambre. Son responsables del hambre quienes manejan el cotarro capitalista, quienes deciden, quienes especulan, quienes impiden la regulación. Según el derecho penal, pueden ser inductores, ejecutores, cómplices necesarios, cómplices ocasionales o encubridores. Pero son responsables.
Xavier Caño Tamayo es periodista y escritor.

El hambre tiene color, Antonio Peredo Leigue

En el cuerno de África hay 11,5 millones de personas que necesitan atención urgente: 3,7 millones en Somalia, 4,5 millones en Etiopía, 2,4 millones en Kenia, 150 mil en Yibuti y, potencialmente, muchas más en Eritrea. Ese es el desolador informe de la encargada de Naciones Unidas para atender esa hambruna.
Darles un bocado de comida para que, solamente no mueran de hambre los que sobreviven, requiere 1.900 millones de dólares. Ni siquiera 900 se ha conseguido, en un mundo que imprime billetes para entregarlos a los bancos como, por ejemplo, la segunda cuota entregada al gobierno de Grecia que alcanza a 190 mil millones de euros.

Por supuesto que es así, porque el hambre de los negros africanos tiene menos importancia que mantener la opulencia y el derroche de la Unión Europea. Claro que es así, porque quienes tuvieron la desgracia de nacer en el Cuerno de África pueden morirse de hambre, aunque hayan caminado dos meses para llegar a un campamento que no puede auxiliarlos. Están condenados a morir de hambre, porque los dueños de los alimentos cuidan mucho sus reservas que suman más de 150 millones de toneladas y ellos, los pobres africanos, no necesitan nada más que un kilo, medio kilo o talvez menos, de arroz, maíz, sorgo o cualquier cosa que llene el estómago.

El mundo opulento, el mundo de Cameron y Sarkozy, de la señora Merkel y Berlusconi o bien del presidente norteamericano que lucha a brazo partido para endeudar más aún a su gobierno, derrocha matando de hambre a los hombres y las mujeres, a los niños y los ancianos de los países empobrecidos.
Cuando, en estos países, se desarrolla alguna posibilidad de progreso, Washington inventa alguna farsa para iniciarle la guerra.
Lo hizo en Vietnam, en Afganistán y en Irak. Lo está haciendo en Libia y quiere hacerlo en Irán.
El hambre que tiene la piel de color, el hambre que no es blanca y sajona, no tiene importancia y puede esperar.
Por ejemplo: el 2 de agosto, Barack Obama debe estar en condiciones de aumentar la deuda estadounidense por encima de 14 billones de dólares, algo así como el total de su producto interno bruto, para que el derroche continúe. El 2 de agosto, sin que sea noticia, morirán muchos miles de negros que habitan el Cuerno de África porque, según la encargada de la ONU, hasta ahora hay decenas de miles de personas muertas y cientos de miles de personas que pueden estar muriendo de hambre en este mismo momento. El 2 de agosto, en el mundo cerca de 1.500 millones de personas no comerán, pero ese no es un dato relevante. El 2 de agosto, cientos de miles de niños morirán por enfermedades respiratorias e intestinales, fácilmente curables, pero la noticia será que el Congreso norteamericano autorizó al presidente el aumento en el techo de endeudamiento de ese país.

Una mujer, con sus seis hijos, salió hace dos meses caminando de Somalia rumbo a Kenia, donde está instalado el campamento de Naciones Unidas.
En el camino fueron muriendo de hambre cada uno de sus hijos.
Llegó sola al campamento y todavía, después de una semana, no ha recibido alimentos.


Esto sucede en el Cuerno de África. ¿Saben que allí, en esa tierra, gobernó la mítica Reina de Saba, cuyo país era codiciado por sus riquezas?, ¿saben que Eritrea, allí donde aún no se sabe cuántas personas han muerto de hambre, fue una provincia próspera, antes de verse envuelta en una cadena interminable de guerras civiles?, ¿conocen lo que ocurre en Somalia, donde bandas armadas se apoderan de los alimentos que llegan como donación?, ¿leyeron la historia de Etiopía que era un reino de grandes leyendas y ahora es un país de hambre y miseria?
La humanidad ha avanzado tecnológicamente: millones y millones de personas se comunican por Internet, pueden divertirse con cine tridimensional, comen hamburguesas hasta el hartazgo y saborean chocolates suizos como postre. La obesidad preocupa a los médicos en el mundo enriquecido y derrochador.

Pero ¿cuánto hemos retrocedido para mantener esos avances y ese desprecio por los demás?, ¿cómo podemos enviar a nuestros soldados al Congo y a Haití para custodiar los grandes capitales y no entregamos nuestra solidaridad con esas víctimas?

Podemos estar felices por vivir en otro país, en un país diferente a aquellos pobres hermanos del Cuerno de África. Pero, ¿será que estamos realmente mejor? Sabemos que hay gente hambrienta en toda Nuestra América, pero no nos preocupamos. Conocemos que miles de niños mueren en su primer año de vida, pero no nos impacta el hecho. Las estadísticas nos dicen que las enfermedades más simples son una sentencia de muerte para otros tantos niños y niñas, aunque para nosotros sólo es estadística.


Tenemos que cambiar este mundo y debemos hacerlo ahora.

El monstruo noruego Anders Breivik estuvo 79 minutos matando

Un fusil, una pistola, 69 cadáveres y un solo asesino. El monstruo noruego Anders Breivik estuvo 79 minutos matando.
Los periodistas Alvaro de Cozar y Juan Gómez han reconstruido paso a paso la matanza de la isla de Utoya en un reportaje titulado 79 minutos con Anders Behring Breivik matando. Y lo que aflora, además del terrible saldo de 69 cadáveres y un solo asesino, obliga a repensar muchas cosas.

Un resumen de los datos más relevantes:

  • El 22 de julio, los jóvenes esperaban entusiasmados el discurso que el primer ministro, Jens Stoltenberg, iba a pronunciar al día siguiente. Justo en el momento en el que Stoltenberg prepara el texto, una bomba explota junto a la sede del Gobierno central en Oslo.
  • La explosión mata a ocho personas y destruye casi todo el barrio de oficinas y ministerios. Los jóvenes oyen por la radio las noticias y siguen en todo momento lo que está pasando, preocupados por la situación del líder de su partido.
  • El viernes, 22 de julio, llovía en Utoya.
  • A esas alturas muchos creen todavía que la bomba ha sido obra de algún grupo islamista internacional.
  • Johannes Dalen Giske está trabajando en el ferri Thorbjorn cuando un tipo alto y corpulento, con uniforme de policía y que lleva una bolsa, le pide que le lleve a la isla. Su nombre es Anders Behring Breivik. Es el autor de los atentados de Oslo. Nadie lo sabe entonces, pero el coche bomba solo ha sido una maniobra para despistar a la policía y desviar la atención de la isla de Utoya. Giske le deja pasar tras pedir permiso al capitán.
  • El visitante desembarca en Utoya a las 16.07. Minutos después abre fuego sobre Monica Bosei, de 45 años, llamada la madre de Utoya porque ella es quien ha organizado las acampadas de los últimos 10 años.
  • Breivik también mata a Trond Berntsen, de 51 años, un policía fuera de servicio y hermanastro de la princesa noruega Mette-Marit.
  • Tras cobrarse las primeras víctimas, emprende el camino hacia la casa principal del complejo de Utoya. Nueve jóvenes que escuchan los disparos se refugian en el barco de Giske. Sin entender muy bien la situación, este decide regresar con esos nueve pasajeros. Entre ellos se salva Eskil Pedersen, presidente de AUF (Partido Laborista noruego).
  • En su camino hacia el centro de la isla, Breivik dispara a discreción.
  • Al alcanzar la cafetería de la Isla, donde los jóvenes aún ignoran del todo lo que está pasando, Breivik los llama a voces: "Acercaos, que tengo información importante sobre el atentado de Oslo". Mata, uno detrás de otro, a los que se pusieron en primera fila. Los demás huyen despavoridos.
  • Ya se han producido entre tanto las primeras llamadas de socorro. A las cinco y media de la tarde, la policía de Buskerut recibe las primeras desde la isla.
  • Utoya es una trampa mortal. Breivik continua su recorrido tranquilamente, armado con el fusil automático que ha sacado de su bolsa. Cuando algún herido da señales de vida, lo remata con su pistola Glock.
  • Breivik continúa con la matanza. Los muchachos que se ocultan en el bosque orientan su huida según la dirección de donde les llegaba el sonido de los disparos.
  • Algunos deciden abandonar la protección de los árboles para buscar la salvación tirándose al agua muy cerca de la zona nudista. El agua está fría. La ropa empapada tira de ellos hacia el fondo y su esfuerzo no les basta para alejarse lo suficiente.
  • Breivik, tan tranquilo, se planta en la orilla y encara el rifle una y otra vez. Christopher logra escapar, pero varios de sus amigos mueren cerca de él.
  • Breivik descubre a un grupo de compañeros ocultos en una zanja. Los chicos suplican piedad. Breivik abre fuego y los mata, "como a perros".
  • La policía de Buskerut llega al punto del litoral más próximo a la isla de Utoya. Los agentes no pasan de ahí. La mayoría de los efectivos están concentrados en el centro de Oslo, donde unas horas antes había explotado el coche bomba de Breivik.
  • El jefe de la policía de Oslo, Arnstein Gjengedal, ordena a las fuerzas de élite antiterroristas Beredskapstroppen que acaben con la matanza de Utoya. La policía solo tiene un helicóptero, que carece de suficiente capacidad para llevar desde Oslo a los policías con todos sus pertrechos.
  • Los agentes no llegan a la orilla del Tyrifjorden hasta las 18.09. Tienen que esperar 16 minutos más hasta que un bote les lleve a la isla.
  • La televisión pública noruega sí que ha llegado hasta Utoya por aire.
  • El helicóptero solo lleva una cámara de televisión, que graba impotente las únicas imágenes de Breivik disparando en la isla.
  • A las seis y media de la tarde desembarca en la isla el comando de élite. Se dividen en dos grupos. Uno se encamina al norte y otro al sur. Es este último el que ve al terrorista a unos 350 metros.
  • Los agentes gritan para que Breivik deponga las armas. Tienen orden de disparar si se resiste o tiene explosivos en su cuerpo. Breivik no se la juega. Levanta los brazos y, en el mismo gesto, arroja el arma a más de 15 metros de sí. No dice nada. Los agentes le esposan. Terminan los 79 minutos de Breivik en Utoya.
  • El balance de víctimas del asesino es, por ahora, de 69 muertos en la isla y 8 más por la explosión del coche bomba.

La dignidad viaja en patera, la chusma en avión, J.M. Álvarez

La dignidad viaja en patera, la chusma en avión, J.M. Álvarez

La chusma viaja en avión
Un grupo de “disidentes” cubanos que llegaron a España en marzo y que, posteriormente fueron expulsados de un centro de acogida de Málaga por provocar peleas y portar un arma blanca, se ha concentrado, con el ex preso Carlos Martín Gómez en cabeza, frente a la sede del Ministerio español de Asuntos Exteriores, en Madrid.
Un tipo que estaba allí y se autodenomina “secretario” de una cosa llamada “Movimiento Popular Cubano”, afirmó que nadie se responsabiliza ni del ex preso, ni de su familia.
El grupo desplegó dos pancartas. En una de ellas podía leerse: “No vinimos en patera; vinimos por un tratado entre Cuba y España. Queremos solución”.
Como vemos, para esta gente hay dos tipos de personas, a saber: los que se juegan la vida arribando a España en patera-, que deben ser una especie de animalitos sin derechos- y ellos, que vinieron cómodamente en un avión y que su conducta en el centro de acogida malagueño, ha demostrado el por qué de la estancia en las cárceles cubanas del señor Martín Gómez.

El autodenominado “secretario”(aquí nadie quiere ser militante de base, todos son secretarios, presidentes, directores…) de esa cosa llamada “Movimiento Popular Cubano” denunció que, al parecer, una persona salió del ministerio y le pegó una patada a las pancartas. ¿Sería un inmigrante llegado en patera que estaba regularizando su situación?