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domingo, 15 de mayo de 2011

Almodóvar, el mediocre, Jaime Richart

Los mediocres son los más funestos en la vida social. De ellos está plagada la política y el arte. Pero el mediocre puede redimirse de la ridículez común a todos ellos. ¿Cómo?, pues manteniéndose al margen de los temas espinosos por definición.
Pues bien, siendo Almodóvar mediocre como artista, que a mi juicio lo es, más mediocre es pensando la política de coyuntura. Siempre había tenido a Almodóvar por un director de cine de segunda categoría y además de gustos sórdidos bien alejados de los míos. Un director de verdadera categoría, con seso, hubiera sido valiente y se hubiese posicionado justo en sentido contrario.
Cualquiera que tenga algo de interés en la mollera se da cuenta de que en todas partes hay presos políticos. Lo que hacen los Estados mentirosos es camuflar las motivaciones políticas de fondo en delitos comunes.
Tenemos el ejemplo de España donde hay más presos políticos, encarcelados por apoyar el independentismo vasco y hacer apostolado de soberanismo, que presos cubanos en Cuba por intrigar contra el Estado cubano. ¿Cuántos están entre rejas en Estados Unidos, que antes no hayan sido víctimas de ajustes de cuentas o liquidados por sus ideas comunistas? De esta peripecia no se ocupa ni siquiera Amnistía Internacional aunque por la naturaleza de las cosas, por la índole de la política y porque eso lo explica simplemente el pensamiento mutilado yanqui de carácter general, es exactamente lo que ocurre allí, en Estados Unidos.
Almodóvar es un tipo del "régimen español", como antaño había devotos del régimen franquista; un protegido del españolismo manchego que ahora, después de haber disfrutado de Cuba en sus múltiples visitas, apuesta a ganador fijo porque el mundo que le ha gratificado por arriba es más grande en extensión que el del minúsculo Estado cubano. No es una simple expresión de su libertad de expresión.
El va con los más fuertes. Almodóvar se ajusta exactamente al apotegma de Churchill: ése que dice que el que tiene 60 años y no es de derechas, es que no tiene cabeza. Claro que más bien hubiera debido decir Churchill que no tiene cabeza el que no es oportunista. Y Almodóvar lo es, además de ser un director mediocre y sórdido con visos de haber disfrutado en su infancia de sesiones pederastas.
Esto explicaría no sólo su sordidez habitual, sino también su cobardía al no haber salido ya del armario confesándose algo tan natural como es ser homosexual (algo que desde la "Movida" de Madrid lo atestiguan algunas personas a quienes conocemos), y el arremeter ahora estúpidamente contra la Cuba que le dio de comer.

El terrorista que nunca existió, Jaime Richart

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Eso del 11 S no podía dejarse así como así. No sólo eso, es que an­tes de ejecutarse ya había un plan completo. Jaime Richart

Y, dada la cata­dura de la intelligentsia americana, había de tener todos los ingre­dientes de los cazatalentos que son los “americanos”. Pocos, quizá ninguno, de los prohombres yanquis no políticos han sido autóctonos. Todos son de fuera. Ellos, a raíz de la conquista del continente, se fueron haciendo poco a poco expertos en aprovechar la fuerza vital y crea­tiva de una inmensa ma­yoría de europeos inmigrantes por distintas cau­sas. Sobre todo tras el desmantelamiento de la Alemania nazi. Pero eso sí, son uti­litaristas donde los haya.... La mayoría de los centros estadounidenses no son centros de saber, como se nos da a entender en la pedagogía ofi­cializada. Son centros de ma­nufactu­ración, de conspiración y de montaje. En todo. Sólo en un pu­ñado de tecnólogos, además de di­nero a espuertas, es­tán sus méritos. Lo de­más es propaganda y fuerza bruta.

Quizá parezca que estas reflexiones destilan odio, el odio que se en­cargaron ellos de inculcar contra los nazis. Pues así es. Lo que no obsta para que, como todo en la vida, no encie­rre una inmensa parte de justificación y de verdad. No seguirán imaginando que sólo les odian los islamistas radicales... Ellos se lo han labrado, y el mundo no se ha aca­bado todavía para saber que ese odio tiene todo el fun­da­mento que existe contra la fuerza superior irrefragable de carácter ar­mamentístico acompañada de la "voluntad de poder" de Nietzsche que inspiró a mu­chos ale­manes de los años 20 y 30…

Así es que ahórrense los americanos las pruebas abrumadoras so­bre la muerte de Bin Laden. Prescindan de las todopoderosas prue­bas del ADN; guárdense las foto­grafías horrendas del finado, los tes­timonios, que podrán contar por miles, de testigos; eviténnos leer la declaración jurada ante notario del propio ajusticiado, de que era quien decía ser y decían que era. Incluso no nos vengan ahora con el carbono 14. Y, so­bre todo, olvídense de insistirnos en que sí exis­tió ese hombre de luenga barba negra y expresión entre bonachona y neutra, fue el autor intelectual del ataque al WTC el 11 S de 2001 como jefe de una banda que tampoco existe ni existió.
Los que no vivimos de cerca el halloween conocemos perfecta­mente a los "americanos", y sabemos perfectamente lo aficionados que son a las palomitas, a la hamburguesa, al corta y pega, y a fa­bri­car las leyen­das tras asentarse en América del Norte que todavía no te­nían..... Articulo Completo aqui

La historia se puede contar de muchas maneras, y de todos los gran­des hechos, acontecimientos y atrocidades hay por norma mu­chas ver­siones. Y no perdura precisamente la "verdadera". Senci­lla­mente, y aparte de la dificultad en ponerse de acuerdo, porque nunca hay una sola o única verdad. No digo respecto al hecho en sí (aunque a menudo también se inventa -y éste de la muerte de Bin Laden es otro más) sino en la causa, las causas, los autores y acto­res, los co­operantes necesa­rios y los cómplices. ... Articulo Completo aqui

Bin Laden no existió, ni nació ni murió. Y menos existió con la des­cripción de los fotomontajes de la cía, del fbi y de los cuenta­cuentos de la casa blanca. Bin Laden es una broma ameri­cana. Lo que tiene que hacer su intelligentsia es, ya que el americano saca par­tido de todo y para él el tiempo es oro, es poner en marcha cuanto an­tes la produc­ción mundial de millones de gorras y cami­setas con el logo de Bin La­den.

En todo caso, que hagan lo que quieran, pero a Europa y a Amé­rica Latina, aparte, naturalmente, el mundo árabe y musulmán, aparte los débiles mentales, aparte los interesados en creerse su ver­sión y los que viven siempre sugestionados por la mente calentu­rienta de los ameri­canos, a nosotros no nos la han dado nunca ni nos la dan... Articulo Completo aqui

Por eso, y ya concluyo, no sé cómo a estas alturas de la película ame­ricana el mundo, y sobre todo el mediático, les hace maldito caso. Sólo los que están muy identificados con el poder de los nazi-ameri­canos y absortos por su prestidigitación pueden darles al­guna credibi­lidad y prestarles atención.

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